Confía en la Palabra más que en tus ojos
Un devocional basado en Génesis 2 y 3. Descubre por qué el pecado original comenzó en el corazón cuando el ser humano decidió confiar en lo que veía en lugar de descansar en la voz de Dios.
Confía en la Palabra más que en tus ojos
Textos bíblicos base
Génesis 2:9:
"Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal."
Génesis 2:16-17:
"Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás."
Génesis 3:6:
"Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella."
Nuestros ojos no pueden advertir el veneno espiritual por sí solos
Imaginemos por un momento dos vasos de agua colocados sobre una mesa. Los dos lucen exactamente iguales: transparentes, frescos, limpios y atractivos a la vista. Sin embargo, uno de ellos contiene agua pura que calma la sed y el otro guarda un veneno mortal que quita la vida en cuestión de minutos.
Ninguno de nosotros podría notar la diferencia oliendolo, mirándolo o analizándolo con la intuición humana. La única manera de estar a salvo es que alguien que conoce la verdad nos advierta cuál es el vaso dañino, y que nosotros decidamos creer en su advertencia. Así de frágil es el juicio humano cuando se apoya únicamente en lo que percibe.
La frontera entre la vida y la muerte se encuentra en el oído
Esto fue con exactitud lo que sucedió en el huerto del Edén desde el principio. Dios plantó un jardín lleno de árboles hermosos y deliciosos, pero en medio de ellos puso el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. El árbol que traía la muerte no tenía un aspecto marchito, ni ramas negras, ni espinas aterradoras. Era un árbol delicioso y hermoso como todos los demás.
Por lo tanto, el hombre no podía distinguir el peligro usando sus propios ojos, sino prestando atención a lo que Dios había hablado. La vida y la muerte nunca dependieron de la agudeza visual de nuestros primeros padres, sino de su disposición a descansar en la voz de su Creador.
El pecado se origina al creer que vemos mejor que Dios
Cuando la serpiente se acercó con engaño, la mujer fijó su mirada en el fruto prohibido y le pareció bueno para comer, agradable a la vista y deseable. En ese instante ocurrió la verdadera tragedia espiritual.
El pecado no comenzó simplemente cuando la mano tocó el fruto o cuando la boca lo probó; el pecado comenzó en el santuario del corazón cuando el ser humano creyó que sus propios ojos eran más confiables que la Palabra de Dios.
Preferimos guiarnos por lo que brilla, por lo que parece sensato según nuestro criterio o por lo que promete hacernos sabios sin Dios. Cuando decidimos confiar en nuestro instinto antes que en lo revelado por el Señor, tomamos el camino que conduce a la muerte creyendo que vamos hacia la plenitud.
Los mandamientos del Señor son senderos de vida para un pueblo rescatado
Cuando Dios descendió más tarde en el monte Sinaí con fuego y poder para entregar sus mandamientos, no estaba inventando un camino diferente. En realidad, volvía a colocar delante de su pueblo redimido la misma prueba de confianza que estuvo en el huerto.
Cada mandamiento es la voz amorosa de nuestro Padre celestial diciéndonos que confiemos en lo que Él dice por encima de lo que vemos. Aquello que a nuestros ojos parece cómodo, placentero o seguro puede ser el fruto que destruya nuestra alma.
Y lo que a nuestros ojos parece una renuncia dolorosa o una pérdida es el vallado de amor que Dios levanta para cuidar nuestros pasos y sostener nuestra vida.
Aplicación
Cuántas veces caminamos por la vida juzgando las situaciones únicamente por su apariencia exterior. Elegimos amistades, tomamos decisiones de dinero, alimentamos hábitos y entramos en compromisos solo porque parecen atractivos y convenientes, olvidando consultar la voz del Señor.
· ¿En qué área de tu vida estás permitiendo que tus ojos decidan en lugar de la Palabra de Dios?
· ¿Hay algún vaso aparentemente limpio y refrescante en tu rutina que en realidad está envenenando tu corazón y tu comunión familiar?
Confiemos hoy en que Dios ve lo que nosotros no alcanzamos a ver, y rindamos nuestra sabiduría humana ante la verdad de su consejo eterno.
Oración
Padre bueno y misericordioso, confesamos con humildad que muchas veces nos dejamos deslumbrar por lo que agrada a nuestros ojos y olvidamos escuchar tu tierna voz.
Nos hemos creído sabios según nuestro propio parecer y hemos probado aguas que solo trajeron amargura a nuestra alma. Te pedimos que limpies nuestra ceguera espiritual y que inclines nuestro corazón a deleitarse en tus mandatos.
Que tu Santo Espíritu nos enseñe a callar ante tu Palabra, a cerrar los ojos ante las ilusiones del mundo y a descansar plenamente en tu verdad, sabiendo que tú siempre buscas nuestra vida y nuestra bendición.
En el nombre precioso de Jesús, amén.