Cristo, la imagen perfecta
Un devocional basado en Colosenses 1:15-20. Descubre cómo Jesucristo es la revelación exacta del Padre y cómo Su gracia trabaja en nuestro corazón para restaurar la imagen de Dios que el pecado había deformado.
Cristo, la imagen perfecta
Texto bíblico base
Colosenses 1:15-20 (RVR1960): “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”
En Cristo vemos al Dios que no podíamos ver
Después de haber hablado de la imagen de Dios en nosotros, llegamos al corazón del Evangelio. Pablo dice que Cristo es “la imagen del Dios invisible”.
Dios no nos dejó intentando descubrir cómo es Él. En Cristo, Dios se dio a conocer de una manera perfecta. Cuando contemplamos a Jesús en las Escrituras, contemplamos la santidad de Dios. Cuando vemos su compasión hacia el quebrantado, contemplamos la misericordia de Dios. Cuando vemos su firmeza frente al pecado, contemplamos la santidad de Dios.
Cristo no es una idea acerca de Dios. Él es la revelación perfecta del Padre.
Cristo muestra una gloria que nosotros no podemos fabricar
El hombre puede fabricar imágenes, pero ninguna puede revelar adecuadamente la gloria de Dios. Cristo, en cambio, no es una representación inventada por nosotros. Él es el Hijo enviado por el Padre.
Por eso nuestra mirada debe regresar continuamente a Cristo. Cuando nuestra percepción de Dios se confunde, necesitamos volver al Evangelio. Cuando pensamos que Dios está distante, debemos mirar a Cristo.
Cuando pensamos que Dios no puede perdonarnos, debemos mirar a la cruz. Cuando pensamos que nuestro pecado es demasiado grande, debemos recordar que Cristo vino precisamente a salvar pecadores.
En Jesús vemos la gloria de Dios acercándose a nosotros con gracia y verdad.
Cristo vino a restaurar lo que el pecado deformó
El Evangelio no termina con Cristo mostrándonos cómo es Dios. Cristo también vino a restaurar en nosotros aquello que el pecado deformó.
Nosotros no podemos transformarnos por nuestra propia fuerza. Podemos intentar mejorar nuestros hábitos, controlar nuestras palabras o modificar nuestra conducta, pero el cambio profundo requiere una obra que venga de Dios.
Cristo no sólo quiere que lo admiremos. Quiere transformarnos. Quiere que nuestros pensamientos, afectos, palabras y acciones sean cada vez más semejantes a los suyos.
La gracia nos hace semejantes a Cristo
Ésta es una de las verdades más hermosas del Evangelio. El pecado nos hizo parecernos a los ídolos que fabricamos. La gracia comienza a hacernos semejantes a Cristo.
Cada vez que perdonamos, algo del carácter de Cristo aparece en nosotros. Cada vez que elegimos la verdad en lugar de la conveniencia, algo de Cristo se refleja. Cada vez que servimos sin buscar reconocimiento, algo de Cristo se hace visible.
Quizá el cambio parezca lento. Quizá todavía veamos muchas áreas de nuestra vida que necesitan transformación. Pero Dios no ha terminado. Él está formando a Cristo en nosotros.
Aplicación
Cuando pienses en Dios, mira a Cristo. Cuando pienses en tu pecado, mira a Cristo. Cuando te sientas incapaz de cambiar, mira a Cristo. Cuando te preguntes cómo debería vivir un cristiano, mira a Cristo.
La pregunta de hoy no es solamente si admiramos a Jesús. Preguntémonos: ¿hay algo de Jesús que se esté haciendo visible en mi manera de vivir?
No busquemos fabricar una imagen de Dios. Miremos a Cristo y permitamos que el Espíritu Santo nos transforme conforme a Él.
Oración
Señor Jesús, gracias porque eres la imagen perfecta del Dios invisible. Cuando nuestro corazón tenga una idea equivocada del Padre, llévanos nuevamente a Ti. Gracias porque no sólo perdonas nuestros pecados, sino que también estás restaurando en nosotros aquello que el pecado deformó.
Haznos cada día más semejantes a Ti. Que tu carácter pueda verse en nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras relaciones.
En el nombre de Jesús, amén.