Dios termina lo que empezó en nosotros
Un devocional para hombres sobre Filipenses 1:6. Aprende por qué el crecimiento espiritual y la santidad no dependen solo de tu fuerza de voluntad, sino de la fidelidad de Dios.
Dios termina lo que empezó en nosotros
Texto Bíblico Base
Filipenses 1:6 (RVR60): “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
La obra es de Dios, no solo nuestra
Después de cuatro días hablando de la santidad de Dios, es fácil sentirse presionado: “tengo que cambiar ya, tengo que ser perfecto ya”. Pero la Biblia nos da una noticia que alivia esa presión: cambiar de vida no es un proyecto que hacemos solos, es una obra que Dios mismo empezó en nosotros y Él mismo la va a terminar.
Un proceso de transformación continua
Esto no es una excusa para quedarnos igual. Es una promesa que nos da fuerza para seguir intentando, aunque fallemos en el camino. Nadie llega a la santidad de un solo salto; se va pareciendo cada día más a Cristo, poco a poco (2 Corintios 3:18).
No fuimos diseñados para caminar solos
Como varones, muchas veces creemos que debemos “resolverlo todo solos”. Pero en esto de la santidad, ni siquiera Isaías se limpió a sí mismo, y nosotros tampoco lo lograremos con solo fuerza de voluntad. Necesitamos depender de Cristo cada día, y también apoyarnos en otros hombres que caminen con nosotros.
Aplicación
Es como entrenar para correr una carrera larga: no corres los 20 kilómetros el primer día, y si te caes en el kilómetro 3, no significa que la carrera se acabó. Te levantas y sigues, porque sabes que hay una meta y un entrenador (Dios mismo) que no te va a soltar en el camino.
¿Con qué hombre de este grupo puedes comprometerte esta semana para animarse mutuamente y rendirse cuentas en esto de vivir en santidad?
Oración
Señor, gracias porque el cambio en mi vida no depende únicamente de mi fuerza de voluntad, sino de la obra que tú mismo comenzaste en mí y que prometiste terminar. Perdóname por las veces que me he desanimado pensando que ya debería ser “más santo” de lo que soy, o que por caer una y otra vez en lo mismo ya no vale la pena seguir intentando. Hoy renuevo mi confianza en ti: tú no te has rendido conmigo, y yo tampoco quiero rendirme. Ayúdame a no caminar solo este camino hacia la madurez, sino a buscar y recibir con humildad a hermanos que me animen, me corrijan cuando haga falta y caminen a mi lado. Gracias porque un día terminarás por completo esta obra, y mientras tanto, sostenme paso a paso. Amén.