El Dios que no podemos contener
Un devocional sobre Salmos 19:1-4. Descubre cómo contemplar la inmensidad del Creador nos libera de la ansiedad y nos recuerda que Él es mayor que nuestros problemas.
El Dios que no podemos contener
Texto Bíblico Base
Salmos 19:1-4
Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol.
Dios es infinitamente más grande de lo que podemos imaginar
Hay algo profundamente humillante y, al mismo tiempo, profundamente hermoso en levantar los ojos al cielo y recordar que todo aquello que nuestros ojos alcanzan a contemplar fue hecho por Dios. Miramos las estrellas y apenas podemos calcular sus distancias. Observamos la inmensidad del universo y comprendemos que nuestra mente tiene límites. Podemos aprender, investigar y descubrir muchas cosas, pero jamás podremos abarcar completamente la grandeza de Aquel que creó todas las cosas.
Nosotros tendemos a hacer pequeño aquello que no comprendemos. Queremos ponerle medidas a todo, clasificarlo y explicarlo. Incluso podemos hacer lo mismo con Dios. Lo reducimos a nuestras experiencias, a nuestras emociones o a las respuestas que esperamos recibir de Él. Pero Dios no cabe en nuestras categorías. Él no es una criatura más grande que nosotros. Él es el Creador. Todo cuanto existe depende de Él, mientras que Él no depende de nada.
Cuando contemplamos los cielos, no estamos simplemente contemplando belleza. Estamos recibiendo una invitación a levantar el corazón. La creación nos recuerda que Dios es mayor que nuestros problemas, más grande que nuestros temores y mucho más profundo que nuestras preguntas.
La grandeza de Dios nos devuelve nuestro verdadero lugar
A veces vivimos como si todo dependiera de nosotros. Cargamos responsabilidades, preocupaciones, decisiones y temores hasta sentir que nuestros hombros ya no pueden soportar más. Nos olvidamos de algo fundamental: nosotros somos criaturas, y Dios es Dios.
Eso no significa que nuestra vida carezca de importancia. Significa que nuestra vida encuentra su verdadero descanso cuando dejamos de ocupar un lugar que solamente le corresponde a Dios. Nosotros no tenemos que sostener el universo. No tenemos que controlar el mañana. No tenemos que saber todas las respuestas.
El mismo Dios que hizo los cielos conoce nuestro nombre. El Dios cuya grandeza no podemos medir conoce nuestras lágrimas. El Dios que sostiene lo inmenso también tiene cuidado de lo pequeño. Esta verdad no debería producir distancia en nuestro corazón, sino adoración.
Cuando comprendemos quién es Dios, comenzamos a dejar en sus manos aquello que nunca estuvo destinado a descansar sobre las nuestras.
Adorar comienza cuando dejamos de fabricar un "dios" pequeño
Existe un peligro silencioso en nuestra vida espiritual. Podemos hablar de Dios, cantar acerca de Dios y reunirnos en su nombre, mientras interiormente hemos construido una imagen de Dios que se acomoda a nuestros deseos.
Quizá nuestro Dios sea demasiado indulgente con aquello que nosotros no queremos abandonar. Quizá sea demasiado pequeño para intervenir en aquello que nos preocupa. Quizá solamente lo buscamos cuando necesitamos algo. Sin darnos cuenta, podemos convertir nuestra relación con Dios en una relación basada en lo que Él puede hacer por nosotros.
Pero el Dios verdadero no existe para acomodarse a nuestra imaginación. Nosotros fuimos creados para conocerle, amarle y adorarle. Él no necesita ser agrandado por nuestras palabras. Somos nosotros quienes necesitamos que nuestro concepto de Él sea purificado.
Cuanto más grande vemos a Dios, más pequeña se vuelve nuestra autosuficiencia y más grande se vuelve nuestra adoración.
Conocer a Dios transforma nuestra manera de vivir
Conocer la grandeza de Dios no es simplemente acumular información acerca de Él. Cuando realmente comenzamos a contemplarlo, algo ocurre dentro de nosotros. La ansiedad comienza a perder autoridad. El orgullo empieza a ser confrontado. La adoración deja de ser una costumbre y comienza a convertirse en respuesta.
El conocimiento verdadero de Dios nos lleva a descansar. Si Él es infinitamente grande, entonces nuestras circunstancias no son demasiado grandes para Él. Si Él creó todas las cosas, entonces nuestra historia tampoco está fuera de sus manos.
Quizá hoy estás cargando una preocupación que parece enorme. Levanta tus ojos. No para ignorar lo que sucede, sino para recordar quién está por encima de aquello que sucede. El Dios que hizo los cielos sigue siendo Dios. Y nosotros seguimos estando seguros cuando descansamos en Él.
Aplicación
Pregúntate con sinceridad qué tan grande es realmente el Dios en quien estás confiando. ¿Tu manera de vivir demuestra que Dios es verdaderamente soberano, o estás tratando de controlar aquello que solamente Él puede sostener? ¿Has permitido que tus problemas sean más grandes en tu mente que el Dios que los gobierna?
Durante este día, cada vez que aparezca una preocupación, detente unos momentos y recuerda que estás delante del Dios que creó los cielos. No necesitas resolverlo todo en ese instante. Puedes entregárselo. Puedes descansar.
Oración
Señor, abre nuestros ojos para contemplar tu grandeza. Perdónanos cuando te hacemos pequeño con nuestros pensamientos, nuestros temores y nuestra incredulidad.
Enséñanos a recordar que tú eres el Creador y nosotros somos tus criaturas. Cuando nuestras cargas parezcan demasiado grandes, ayúdanos a mirar nuevamente hacia ti.
Que conocerte más profundamente nos lleve a adorarte con mayor reverencia, confianza y gozo. Amén.