El reposo tiene un nombre, Jesucristo
Basado en Hebreos 4:8-10. Descubre cómo el reposo definitivo de Dios no es un día de la semana, sino una persona: Jesucristo. Aprende a soltar tus cargas y descansar en Su obra consumada.
El reposo tiene un nombre, Jesucristo
Texto Bíblico Base
Hebreos 4:8-10: “Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.”
El reposo de Dios todavía permanece abierto
Israel recibió el Sabbat. Después salió de Egipto y entró en la tierra prometida. Podríamos pensar que allí terminó la historia del reposo. Sin embargo, Hebreos señala algo sorprendente. Siglos después de Josué, Dios todavía hablaba de entrar en su reposo. Por eso el escritor concluye: “queda un reposo para el pueblo de Dios”.
El descanso de Dios era más grande que un solo día y más profundo que la entrada en una tierra. Desde Génesis aparece delante de nosotros una realidad hacia la cual camina toda la historia bíblica. Dios creó al hombre para vivir en comunión con Él, disfrutar de su presencia y encontrar en su Creador la plenitud para la cual fue formado.
Jesús nos llama a descansar en Él
Cuando llegamos al Evangelio encontramos unas palabras que parecen recoger todo este gran tema bíblico. Jesús declara: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Observemos hacia dónde dirige Cristo nuestra mirada. No dice simplemente “vengan a un día”. Dice “venid a mí”.
El reposo ha encontrado un rostro. Jesús recibe a quienes llevan cargas demasiado pesadas. Recibe al pecador cansado de intentar justificarse. Recibe al religioso agotado de tratar de demostrar que merece el favor de Dios. Recibe a quien ha descubierto que sus propios esfuerzos jamás podrán limpiar su culpa. Cristo mismo se convierte en nuestro descanso porque Él hizo aquello que nosotros jamás podríamos hacer.
Descansamos porque la obra fue consumada
En la creación, Dios terminó su obra y reposó. En la redención ocurre algo gloriosamente semejante. Jesús cumple aquello que el Padre le encomendó y desde la cruz declara: “Consumado es”. La obra necesaria para nuestra reconciliación con Dios no quedó incompleta esperando que nosotros añadamos nuestros méritos.
Aquí se encuentra el corazón de nuestro descanso. No necesitamos construir una justicia propia para presentarnos delante de Dios. Cristo obedeció perfectamente. Cristo cargó nuestro pecado. Cristo murió. Cristo resucitó. Nuestra esperanza no descansa en la calidad de nuestra semana, en la cantidad de nuestras buenas obras ni en nuestra capacidad para sentirnos suficientemente espirituales. Descansa en una obra terminada fuera de nosotros, realizada perfectamente por Jesucristo.
Caminamos hacia un reposo que no tendrá tarde
El relato de Génesis menciona la tarde y la mañana de los primeros seis días, mientras que el séptimo queda narrado sin aquella fórmula de clausura. Al final de la Biblia encontramos una imagen igualmente hermosa. Apocalipsis habla de una creación donde ya no habrá noche y donde Dios mismo será la luz de su pueblo.
Toda nuestra vida cristiana camina entre esas dos imágenes. Fuimos creados para la presencia de Dios y, por Cristo, estamos siendo conducidos nuevamente hacia ella. Ahora conocemos el reposo por fe. Todavía lloramos, trabajamos, enfermamos, enfrentamos preocupaciones y sentimos cansancio. Un día entraremos plenamente en aquello que hoy apenas comenzamos a disfrutar. Llegará el gran reposo donde el pecado no volverá a inquietarnos, la culpa no acusará nuestra conciencia, la muerte no separará a nadie y contemplaremos finalmente el rostro de nuestro Señor.
Aplicación
Pregúntate con sinceridad dónde está descansando realmente tu corazón. Es posible creer en Cristo con nuestros labios y seguir buscando seguridad en nuestros logros. Podemos convertir una disciplina, una tradición, una posición, nuestro conocimiento bíblico o incluso nuestro servicio cristiano en algo que utilizamos para sentirnos aceptables delante de Dios.
Jesús continúa diciendo: “Venid a mí”. No dice que vengamos cuando ya hayamos arreglado todo. No dice que vengamos después de demostrar nuestra capacidad. Nos llama precisamente trabajados y cargados.
Cuando nos congregamos, también celebramos esta realidad. Cristo resucitó. La nueva creación ya comenzó. Nos reunimos para escuchar su Palabra, cantar su gracia, orar y recordar que nuestra esperanza no está encerrada en nuestras obras. Y desde allí regresamos a trabajar, servir y luchar, no intentando conseguir el descanso de Dios, sino llevando en el corazón el descanso que hemos encontrado en Cristo.
Tal vez la pregunta con la que debemos terminar esta semana sea la más sencilla de todas. Cuando Jesús dice “venid a mí… y yo os haré descansar”, ¿estamos aprendiendo verdaderamente a venir?
Oración
Padre eterno, gracias porque desde el principio preparaste para nosotros un reposo que ninguna obra humana podría fabricar. Gracias porque nos mostraste nuestra necesidad y finalmente nos condujiste a Jesucristo. Señor Jesús, venimos a Ti trabajados y cargados.
Renunciamos a la pretensión de construir nuestra propia justicia y descansamos en tu obra terminada. Gracias porque pudiste decir “Consumado es”. Gracias porque nuestra salvación no depende de completar aquello que Tú dejaste incompleto, sino de confiar en aquello que Tú terminaste perfectamente.
Espíritu Santo, enséñanos a vivir cada día desde esta gracia. Líbranos del espíritu de esclavitud, del orgullo de nuestros méritos y del temor de no ser suficientes. Haz que sirvamos con alegría porque ya hemos sido recibidos. Y llévanos hasta el día en que desaparezca toda noche, contemplemos el rostro de nuestro Señor y entremos plenamente en aquel reposo para el cual fuimos creados. Hasta aquel gran Sabbat que no tendrá tarde.
A Ti sea toda la gloria por los siglos de los siglos. Amén.