Skip to content
Devocionales 29 de septiembre de 2026 11 lecturas

El valor de la vida y el encargo que Dios nos dio

Basado en Éxodo 20:13. Descubre por qué el mandato "No matarás" nos convierte en administradores de la vida. Entiende el valor incalculable de cada ser humano, creado a imagen de Dios, sin importar su utilidad o fuerza.

El valor de la vida y el encargo que Dios nos dio

El valor de la vida y el encargo que Dios nos dio

 

Texto Bíblico Base
Éxodo 20:13: No matarás.

La vida de cada persona nos fue encargada bajo la mirada de Dios

Todos conocemos la escena cotidiana de llegar al estacionamiento de un mercado o de una plaza y encontrarnos a la persona que cuida los coches. Se acerca con su trapo en la mano y nos pregunta amablemente si nos cuida el auto. Nosotros aceptamos, le confiamos el vehículo y nos vamos a hacer nuestras compras tranquilos.

Ese hombre no es dueño del carro, no puede venderlo ni llevárselo a su casa, pero en el momento en que aceptó cuidarlo, el auto quedó bajo su responsabilidad. Si al regresar encontramos el coche rayado de punta a punta y él nos dice con tranquilidad que él no fue, nuestra respuesta natural sería recordarle que, aunque no haya sido el culpable directo, nosotros se lo encargamos.

Esa misma frase nos lleva directo al corazón de este mandamiento: Dios nos ha encargado cuidar la vida de los demás.

La imagen del Creador grabada en cada ser humano

Casi todos leemos las palabras de este mandamiento y sentimos un alivio inmediato pensando que jamás hemos matado a nadie y que este mandato no es para nosotros. Sin embargo, para entender lo que Dios nos está pidiendo aquí, tenemos que volver al comienzo de la creación, cuando Dios hizo al ser humano a su imagen y semejanza. Cada persona en este mundo es como una moneda que lleva grabada la cara del Rey.

La moneda puede estar sucia, doblada o gastada por los años, pero sigue teniendo el sello y el valor que el Rey le dio. Destruir esa moneda o tratarla como basura es una ofensa directa contra Aquel que la fabricó. El valor de una vida no depende de lo que nosotros opinemos de ella, porque ninguno de nosotros le dio la vida a nadie; su valor viene de Dios y nadie tiene derecho a quitárselo.

El valor de una persona más allá de su utilidad o fuerza

Nuestra sociedad suele medir a la gente por lo que produce, por su inteligencia o por su capacidad física. Pero en los ojos de Dios, una persona no vale más por ser brillante en los estudios o por tener un trabajo exitoso, ni vale menos por vivir con alguna discapacidad.

No vale menos el anciano cansado que ya no recuerda su nombre, ni tampoco el bebé indefenso que apenas se está formando en el vientre de su madre bajo el cuidado amoroso de Dios. Dios no divide a las personas entre útiles e inútiles.

Para Él, cada ser humano tiene un peso real porque lleva su imagen. Por eso este mandamiento nos frena en seco: no somos dueños de nadie, somos administradores de la vida que Dios puso a nuestro alrededor.

La muerte como una intrusa que quebrantó el plan de Dios

Debemos recordar que al principio, en el huerto del Edén, no había sangre derramada ni violencia. Dios dio como alimento las plantas y los frutos, y el ser humano no necesitaba la muerte de ningún ser vivo para alimentarse. Dios vio todo lo que había hecho y declaró que era bueno en gran manera.

La muerte no era parte de ese mundo perfecto; entró a nuestra historia como una intrusa terrible por culpa de la desobediencia y del pecado humano. Cada vez que asistimos a un funeral o escuchamos de una tragedia, nuestro corazón siente dolor porque fuimos creados para vivir, no para morir.

Dios protege la vida porque la vida le pertenece a Él, y cuando nos dice que no matemos, nos está llamando a cuidar aquello que Él ama con tanta ternura.

Aplicación

Ponte a pensar por un momento en las personas que hoy te resultan incómodas o difíciles de tratar. Piensa en ese compañero de trabajo que siempre habla mal de los demás, en ese familiar que te ofendió hace tiempo, o en quien piensa de forma totalmente opuesta a ti.

Recuerda que, a pesar de sus errores y de sus fallas, esa persona también lleva la imagen de Dios. Tratarla con desprecio o desear que le vaya mal es olvidar quién la creó.

Y si en tu pasado tuviste que ver de alguna manera con la pérdida de una vida en un vientre materno, tal vez por una mala decisión, por miedo o por presiones familiares, no escondas esa herida bajo la alfombra. Tu conciencia sabe lo difícil que ha sido cargar con ese peso en silencio. Pero no te apartes con miedo; más adelante veremos que para ti también hay un refugio seguro y lleno de perdón en los brazos de Cristo.

Oración

Señor y Dios bueno, te damos gracias porque Tú eres el Creador de la vida y nos formaste con amor. Perdónanos por las veces en que hemos tratado a otros como si no valieran nada, olvidando que llevan Tu imagen grabada en su ser.

Quita de nuestro corazón el egoísmo que nos hace pensar solo en nosotros mismos y enséñanos a mirar a nuestro prójimo con respeto y paciencia. Danos ojos para ver el valor de los más débiles, de los enfermos y de los ancianos.

En el nombre de Jesús. Amén.

Etiquetas: # 10 Palabras
Alertas de Edificación

Recibe alertas de nuevas publicaciones

¿Te apasiona profundizar en la Palabra de Dios? Suscríbete ingresando tu correo para recibir una notificación directa en tu bandeja de entrada en el instante exacto en que publiquemos un nuevo devocional, artículo o invitación a un evento.

¡Suscripción exitosa! Te hemos registrado para recibir alertas de nuevas publicaciones.
No se pudo procesar la suscripción.

Información Institucional