Skip to content
Devocionales 19 de agosto de 2026 13 lecturas

Llevamos el nombre de Dios

Un devocional basado en 1 Pedro 2:9. Descubre el privilegio y la inmensa responsabilidad de llevar el nombre de Dios en tu vida diaria, tu familia y tu trabajo. ¿Qué refleja tu testimonio hoy?

Llevamos el nombre de Dios

Día 2: Llevamos el nombre de Dios

 

Texto bíblico base
1 Pedro 2:9 (RV60): "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable."

Dios ha puesto Su nombre sobre nosotros

Hay una imagen preciosa en el Antiguo Testamento que nos ayuda a comprender nuestra identidad. El sumo sacerdote llevaba sobre sus hombros los nombres de las doce tribus de Israel. Aquellos nombres no estaban allí como decoración. Representaban a todo el pueblo delante de Dios. Aarón llevaba sobre sí los nombres de aquellos a quienes representaba.

Después Dios llamó a Israel un reino de sacerdotes y una nación santa. Lo que Aarón representaba delante de Dios, Israel debía representarlo delante de las naciones. El pueblo debía llevar el nombre de Dios ante quienes todavía no lo conocían. Esa misma idea llega hasta nosotros cuando Pedro llama a los creyentes “real sacerdocio” y explica que hemos sido llamados para anunciar las virtudes de aquel que nos sacó de las tinieblas.

Esto significa que nuestra identidad cristiana no es simplemente una etiqueta religiosa. Pertenecemos a Cristo. Llevamos Su nombre. Somos conocidos como cristianos porque somos de Cristo.

Llevar el nombre de Dios es un privilegio

Podríamos sentir temor ante esta responsabilidad, y ciertamente debemos tomarla en serio. Pero no debemos olvidar que también es un privilegio inmenso. Dios pudo haber escogido otros medios para anunciar Su gloria, pero quiso hacerlo también a través de personas comunes como nosotros.

Una madre que sirve con fidelidad en su casa puede mostrar algo de Dios. Un trabajador que se niega a mentir aunque podría ganar más puede mostrar algo de Dios. Un joven que decide decir la verdad cuando nadie lo está vigilando puede mostrar algo de Dios. Una persona que perdona cuando tiene razones para guardar resentimiento puede mostrar algo del evangelio.

Por eso no debemos pensar que llevar el nombre de Dios significa realizar únicamente grandes cosas. Muchas veces el nombre de Dios se lleva en las decisiones pequeñas y silenciosas que nadie aplaude. Allí, precisamente allí, nuestra fidelidad puede convertirse en un testimonio.

Llevamos el nombre de Dios a todas partes

El domingo puede ser sencillo. Estamos rodeados de hermanos, cantamos, escuchamos la Palabra y hablamos de Cristo. Pero cuando salimos de la congregación seguimos llevando el mismo nombre. Lo llevamos en nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestras conversaciones y en nuestros conflictos.

Lo llevamos cuando alguien nos habla mal. Lo llevamos cuando recibimos un mensaje que nos molesta. Lo llevamos cuando alguien intenta aprovecharse de nosotros. Lo llevamos cuando debemos elegir entre lo correcto y lo conveniente. No existe un lugar donde podamos quitarnos momentáneamente nuestra identidad en Cristo.

Hay personas que quizá nunca leerán un tratado teológico, pero nos leerán a nosotros. En nuestras familias, especialmente, las personas observan nuestra vida. Nuestros hijos pueden olvidar muchas palabras, pero difícilmente olvidarán cómo reaccionábamos cuando estábamos bajo presión.

Nuestra vida puede anunciar las virtudes de Cristo

No llevamos el nombre de Dios para que las personas admiren nuestra bondad. Lo llevamos para que, al contemplar algo verdadero en nosotros, puedan dirigir su mirada hacia Dios. Nuestra vida no debe convertirse en un monumento a nosotros mismos, sino en una ventana hacia Cristo.

Cuando actuamos con misericordia, podemos mostrar algo de la misericordia de Dios. Cuando somos fieles, podemos mostrar algo de Su fidelidad. Cuando reconocemos nuestro pecado y pedimos perdón, podemos mostrar algo de la gracia que hemos recibido.

Eso transforma incluso nuestras tareas más ordinarias. El trabajo, la familia, las responsabilidades cotidianas y nuestras relaciones adquieren una nueva dignidad. Estamos llevando un nombre. Y ese nombre pertenece a Cristo.

Aplicación

Imagina por un momento que hoy llevas sobre tus hombros aquellas piedras preciosas del sacerdote y que sobre ellas está escrito el nombre de Dios. Ahora piensa en tu casa, en tu trabajo, en las personas con quienes tendrás contacto.

·         ¿Cambiaría algo en tu manera de hablar? ¿Cambiaría tu forma de reaccionar? ¿Serías más paciente? ¿Más honesto? ¿Más misericordioso?

No olvidemos que llevar el nombre de Dios no significa pretender ser perfectos. Significa vivir conscientes de que pertenecemos a Cristo. Cuando fallamos, no escondamos nuestra identidad. Corramos a Él, confesemos nuestro pecado y sigamos caminando en Su gracia.

Oración

Señor, gracias porque nos has llamado tuyos y has puesto tu nombre sobre nosotros. Ayúdanos a recordar quiénes somos cuando estemos fuera de la iglesia. Que nuestra familia vea en nosotros algo verdadero de Cristo.

Que nuestro trabajo, nuestras palabras y nuestras decisiones anuncien tus virtudes. No permitas que llevemos tu nombre con vergüenza o indiferencia. Haznos fieles en las cosas pequeñas y úsanos para que otros puedan conocerte.

En el nombre de Jesús. Amén.

Etiquetas: # 10 Palabras
Alertas de Edificación

Recibe alertas de nuevas publicaciones

¿Te apasiona profundizar en la Palabra de Dios? Suscríbete ingresando tu correo para recibir una notificación directa en tu bandeja de entrada en el instante exacto en que publiquemos un nuevo devocional, artículo o invitación a un evento.

¡Suscripción exitosa! Te hemos registrado para recibir alertas de nuevas publicaciones.
No se pudo procesar la suscripción.

Información Institucional