No lleves el nombre de Dios en vano
Un devocional profundo basado en Levítico 19:11-12. Descubre cómo nuestra conducta, nuestras mentiras o nuestra falta de integridad pueden contradecir y profanar el nombre de Dios, y cómo Su gracia nos restaura cuando fallamos.
Día 3: No lleves el nombre de Dios en vano
Texto bíblico base
Levítico 19:11-12 (RV60): "No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro. Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová."
Llevar en vano el nombre de Dios es vivir sin cumplir Su propósito
La palabra “vano” tiene una profundidad que necesitamos comprender. Habla de aquello que es vacío, inútil, engañoso, aquello que no cumple el propósito para el cual fue dado. El tercer mandamiento, entonces, no solamente nos advierte contra usar el nombre de Dios de manera irreverente. También nos confronta cuando llevamos ese nombre de una manera que contradice aquello que debería comunicar.
Dios puso Su nombre sobre nosotros con un propósito. Fuimos llamados a anunciar Sus virtudes. Por eso existe una contradicción dolorosa cuando nuestros labios hablan de Dios mientras nuestra vida comunica algo completamente diferente.
Podemos cantar acerca de la verdad y luego mentir. Podemos hablar de gracia y tratar con crueldad a nuestra familia. Podemos decir que confiamos en Dios y utilizar la deshonestidad cuando creemos que nadie nos descubrirá. El problema no está únicamente en la contradicción. El problema es que llevamos el nombre de Dios mientras hacemos aquello que niega lo que ese nombre representa.
La mentira también puede profanar el nombre de Dios
Dios coloca el mandamiento contra el falso juramento junto a la prohibición de robar, engañar y mentir. Esto nos muestra que la manera en que tratamos a nuestro prójimo está profundamente relacionada con la manera en que tratamos el nombre de Dios.
Cuando alguien utiliza el nombre de Dios para conseguir que otros crean una mentira, está tomando prestada la reputación de Dios para defender sus propios intereses. Decir “Dios me dijo” para ganar una discusión o utilizar palabras espirituales para manipular a otra persona convierte algo santo en una herramienta para nuestros deseos.
Necesitamos tener mucho cuidado. El nombre de Dios no es una herramienta para hacer que nuestras opiniones parezcan incuestionables. No podemos poner a Dios como respaldo de aquello que Él nunca dijo. La humildad también honra el nombre de Dios.
Nuestra conducta puede hacer que otros piensen mal de Dios
Ezequiel presenta una escena dolorosa. Israel había sido llamado pueblo de Jehová, pero su conducta entre las naciones profanó el nombre de Dios. Las naciones observaban al pueblo y sacaban conclusiones acerca del Dios al que adoraban.
Esto sigue siendo una realidad que debemos tomar con seriedad. Una persona puede rechazar nuestras palabras acerca de Cristo porque ha visto contradicción en nuestra vida. Puede escuchar nuestra profesión de fe y después contemplar nuestra falta de integridad. Puede escuchar nuestras oraciones y después experimentar nuestra dureza.
No debemos tomar esto como una razón para vivir paralizados por la culpa. Debemos tomarlo como una invitación a vivir con integridad. Nuestra conducta importa porque el nombre que llevamos importa.
La gracia de Dios nos restaura cuando fallamos
Aquí aparece una de las verdades más hermosas del pasaje. Dios vio cómo su pueblo había profanado Su nombre, pero no los abandonó. Prometió santificar su grande nombre y restaurar a Su pueblo. No lo hizo porque ellos hubieran demostrado ser dignos, sino por causa de Su santo nombre.
Esto nos llena de esperanza. Si Dios nos sostuviera únicamente porque nosotros hemos llevado perfectamente Su nombre, ninguno permanecería en pie. Hemos fallado. Hemos hablado mal. Hemos reaccionado mal. Hemos dado una imagen de Dios que no corresponde con la verdad.
Pero nuestra esperanza no descansa en nuestra perfección. Descansa en la fidelidad de Dios. Él no abandona a Sus hijos cuando fallan. Los confronta, los corrige y los transforma. Su gracia no minimiza nuestro pecado. Su gracia nos levanta para caminar nuevamente.
Aplicación
Pregúntate con honestidad: ¿hay alguien que tiene un concepto más pobre de Dios debido a mi conducta?
· ¿Hay una persona a quien necesito pedirle perdón? ¿Hay alguna área de mi vida en la que mis palabras cristianas y mis acciones están caminando en direcciones distintas?
No huyas de estas preguntas. Permite que Dios las use para llevarte al arrepentimiento y a la restauración. Quizá hoy necesitas una conversación. Quizá necesitas devolver algo que no te pertenece. Quizá necesitas reconocer que mentiste. Quizá necesitas pedir perdón dentro de tu propia casa.
La buena noticia es que reconocer nuestro pecado no nos aleja de Cristo. Nos lleva hacia Él.
Oración
Señor, perdónanos porque muchas veces hemos llevado tu nombre de manera contradictoria. Hemos hablado de ti con nuestros labios mientras nuestras acciones han dicho otra cosa.
Danos un corazón íntegro. Muéstranos aquello que debemos confesar y danos humildad para pedir perdón. Gracias porque no nos abandonas cuando fallamos. Gracias porque tu gracia nos restaura y porque tu fidelidad es mayor que nuestra debilidad. Haz que nuestra vida honre tu nombre.
En el nombre de Jesús. Amén.