Robamos a Dios cuando retenemos lo que es suyo
Basado en Malaquías 3:8-10 y Mateo 6:21. No podemos servir a Dios y a las riquezas. Entiende por qué retener con egoísmo nuestros recursos es robar a Dios, y cómo ofrendar con alegría nos libera del afán.
Robamos a Dios cuando retenemos lo que es suyo
Textos Bíblicos Base:
Malaquías 3:8-10
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfoli y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.
Mateo 6:21, 24
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
La soberbia religiosa no reconoce el despojo perpetrado contra el Creador
Casi siempre interpretamos el octavo mandamiento como una simple norma de convivencia social entre vecinos, olvidando que el primer ofendido por nuestra codicia es el Dueño soberano de la creación.
En los días del profeta Malaquías, el pueblo cumplía externamente con las liturgias en el templo reconstruido, pero sus corazones estaban embargados por una mezquindad que los cegaba espiritualmente. Cuando el Señor les lanzó la estremecedora pregunta de si el hombre robaría a su Creador, aquellos hombres respondieron con aparente inocencia preguntando en qué le habían robado.
El corazón idólatra es incapaz de verse a sí mismo como un ladrón espiritual, aun cuando retiene para su propio deleite las primicias que corresponden a la adoración divina. Cuando el dinero ocupa el trono de nuestra alma, terminamos sustrayéndole a Dios la adoración, la honra y los recursos que le pertenecen por derecho soberano.
La idolatría de las riquezas somete al ser humano a una esclavitud cruel
El Señor Jesucristo nos advirtió con firmeza divina que resulta imposible servir simultáneamente a Dios y a las riquezas materiales. El dinero es un recurso excelente cuando se le emplea como siervo para la gloria celestial, pero se transforma en un amo despótico cuando se le permite gobernar los anhelos del alma. Cuando tú retienes con el puño cerrado tus recursos, no eres tú quien posee el dinero, sino que el dinero te posee a ti y te mantiene encadenado en la celda del afán.
El corazón humano siempre gravita inevitablemente hacia donde descansa su verdadero tesoro. Si tu mayor confianza radica en las posesiones terrenales, vivirás angustiado por la incertidumbre de la vida; pero si tu tesoro supremo es Cristo Jesús, tus manos se abrirán con serenidad para soltar lo temporal a fin de ganar lo eterno.
La ofrenda sacrificial florece como un acto voluntario de alegría espiritual
El llamado bíblico a sostener la proclamación del evangelio y socorrer al necesitado no tiene relación alguna con las burdas manipulaciones de las falsas teologías de la prosperidad.
Dios no necesita nuestro dinero para enriquecerse, ni nos invita a ofrendar como quien hace una inversión comercial para comprar favores celestiales. El apóstol Pablo enseña con claridad que cada uno debe sembrar conforme propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación legalista, porque Dios ama al dador alegre.
La ofrenda cristiana es la celebración espontánea de un corazón libertado que reconoce que todo lo ha recibido por gracia inmerecida. Cuando sembramos con gozo en la causa de Dios, testificamos al mundo que nuestro Padre es fiel y que nuestra herencia imperecedera está segura para siempre en los cielos.
Aplicación
Es indispensable que contemples con valentía el uso que haces de tu dinero y de tus posesiones para descubrir a quién estás sirviendo en realidad. ¿Es tu manera de ofrendar y de compartir un reflejo de que consideras a Dios como el Dueño bondadoso de tu vida, o administras tus recursos como si fueses el amo supremo de tus bienes?
Pregúntate si hay hermanos en necesidad, viudas desamparadas o proyectos misioneros a los que el Señor te llama a respaldar y ante los cuales has cerrado la mano por temor o egoísmo.
No permitas que el dinero usurpe el lugar sagrado que solo pertenece a tu Redentor. Pídele hoy al Señor que cure tu corazón de toda tacañería y que te permita experimentar el gozo celestial de ser un instrumento de provisión para su reino.
Oración
Señor Soberano y Dador misericordioso, nos humillamos ante tu majestad confesando que muchas veces hemos retenido lo que te pertenece. Te pedimos perdón por nuestra ceguera espiritual y por haber servido al ídolo del dinero en lugar de rendirnos enteramente a tu señorío.
Perdónanos cuando hemos cerrado los ojos ante el sufrimiento del huérfano, de la viuda y del menesteroso que tú pusiste en nuestro camino. Rompe el poder de la avaricia sobre nuestra voluntad y derrama en nuestra alma el gozo de dar con generosidad y sin reservas.
Que nuestras vidas demuestren que nuestro único y verdadero tesoro eres tú, el Dios vivo que nos colma de gracia y bendición abundante.
En el bendito nombre de Jesucristo, nuestro Salvador. Amén.