Ser la imagen de Cristo
Un devocional basado en 2 Corintios 3:17-18. Aprende que el propósito del segundo mandamiento no es solo evitar ídolos, sino ser transformados de gloria en gloria para reflejar el carácter y el amor de Cristo a quienes nos rodean.
Ser la imagen de Cristo
Texto bíblico base
2 Corintios 3:17-18 (RVR1960): “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”
La verdadera adoración transforma nuestra vida
Después de recorrer el segundo mandamiento llegamos a una conclusión profundamente práctica. Dios no quiere simplemente que dejemos de tener ídolos. Quiere transformar nuestra vida.
Podríamos pasar mucho tiempo examinando qué cosas no debemos hacer y, sin embargo, perder el propósito positivo del mandamiento. Dios no solamente nos dice “no fabriquen imágenes”. Nos llama a vivir de tal manera que su carácter pueda ser visto en nosotros.
La adoración verdadera no termina cuando termina nuestro canto. Continúa cuando salimos de la congregación y tratamos a nuestra familia, cuando respondemos ante una injusticia, cuando enfrentamos una enfermedad, cuando alguien nos ofende y cuando nadie está mirando.
Las personas pueden ver a Cristo en nuestra manera de vivir
La mayoría de las personas que nos rodean jamás verá a Dios con sus ojos físicos. Pero sí verá nuestra manera de hablar. Verá cómo tratamos a nuestra familia. Verá cómo reaccionamos cuando somos contrariados. Verá si perdonamos. Verá si servimos. Verá qué hacemos cuando sufrimos.
Por eso nuestra vida puede convertirse en una ventana que permita contemplar algo del carácter de Cristo. No significa que seamos perfectos. Significa que nuestra vida apunta hacia alguien mayor que nosotros. El creyente no dice: “Miren qué buena persona soy”. Dice con su vida: “Miren lo que Cristo está haciendo en mí”.
La transformación ocurre mientras contemplamos a Cristo
Pablo dice que somos transformados al contemplar la gloria del Señor. Hay algo que debemos recordar. La transformación cristiana no comienza mirándonos obsesivamente a nosotros mismos. Comienza mirando a Cristo.
Si sólo miramos nuestras fallas, podemos caer en desesperación. Si sólo miramos nuestros logros, podemos caer en orgullo. Pero cuando miramos a Cristo, encontramos gracia para continuar y un modelo al cual seguir.
Mientras permanecemos cerca de Su Palabra, mientras conocemos su carácter y mientras permitimos que el Espíritu Santo obre en nosotros, comenzamos a parecernos cada vez más a Él.
Nuestro propósito es reflejar su gloria
El segundo mandamiento termina convirtiéndose en una invitación maravillosa. No fabriquemos una imagen de Dios. Seamos personas en quienes Dios está formando la imagen de Cristo.
Ése es el propósito de nuestra vida. No que las personas hablen de nuestra grandeza, sino que puedan ver algo de la grandeza de nuestro Salvador.
Quizá mañana nadie recuerde nuestras palabras. Quizá muchos olviden nuestras obras. Pero podemos pedirle a Dios que nuestra manera de vivir deje en otros una impresión del carácter de Cristo. Que nuestro hogar pueda experimentar algo de su amor. Que nuestros hijos puedan ver algo de su paciencia. Que nuestros amigos puedan experimentar algo de su gracia. Que aun quienes nos han herido puedan encontrar en nosotros un corazón que ha sido transformado por el Evangelio.
Aplicación
Hoy hagamos un examen sincero delante del Señor. ¿Qué imagen de Cristo está mostrando nuestra vida?
· ¿Qué ven nuestros hijos, nuestro cónyuge, nuestros amigos y nuestros compañeros cuando nos observan? ¿Ven solamente nuestras palabras religiosas o también pueden reconocer el carácter de Jesús en nuestra manera de vivir?
No debemos responder estas preguntas para condenarnos, sino para acercarnos a Cristo. El mismo Dios que nos muestra aquello que necesita cambiar es quien puede transformarlo.
Pidámosle al Señor que nuestra vida sea una respuesta viva al segundo mandamiento. Que no fabriquemos un dios conforme a nuestra imaginación. Que conozcamos al Dios verdadero. Que miremos a Cristo. Y que, por la obra de su Espíritu, lleguemos a parecernos cada día más a Él.
Oración
Padre amado, hoy reconocemos que no queremos solamente evitar los ídolos; queremos pertenecerte completamente. Haz que nuestra vida refleje el carácter de Cristo. Que nuestras palabras sean llenas de gracia, que nuestras decisiones estén llenas de verdad, que nuestras relaciones estén llenas de amor y que nuestras pruebas sean enfrentadas con confianza en Ti.
Perdónanos cuando nuestra vida no refleje a nuestro Salvador. Continúa transformándonos de gloria en gloria. Que quienes nos rodean puedan ver en nosotros, aunque imperfectamente, el reflejo de Jesucristo. Y que toda la gloria sea para Ti.
En el nombre de Jesús. Amén.