Vivir delante del rostro de Dios
Cierra tu semana con Salmos 139:1-6. Comprender que Dios nos conoce íntimamente no debe darnos temor, sino llevarnos a disfrutar de Su presencia en las cosas ordinarias de cada día.
Vivir delante del rostro de Dios
Texto Bíblico Base
Salmos 139:1-6
Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.
Dios nos conoce completamente
Hay algo profundamente conmovedor en saber que Dios nos conoce. No solamente conoce nuestro nombre, nuestra historia o nuestras circunstancias. Conoce nuestros pensamientos antes de que los pronunciemos.
Nosotros podemos ocultarnos de muchas personas. Podemos presentar una versión de nosotros mismos ante los demás y guardar en secreto nuestras luchas. Pero delante de Dios no necesitamos aparentar. Él ya sabe.
Y aunque al principio esta verdad puede parecernos aterradora, para el creyente se convierte en una fuente de profundo consuelo. Dios conoce lo peor de nosotros y, aun así, no deja de llamarnos a acercarnos a Él. No tenemos que impresionar a Dios. Podemos presentarnos delante de Él tal como somos.
Vivir delante de Dios transforma lo cotidiano
Vivir delante del rostro de Dios significa recordar que nuestra fe no pertenece solamente al domingo. Dios está presente cuando trabajamos, cuando manejamos, cuando conversamos con nuestra familia, cuando estamos cansados y cuando nadie nos está mirando.
La presencia de Dios convierte lo ordinario en algo significativo.
Una conversación puede convertirse en una oportunidad para mostrar gracia. Una dificultad puede convertirse en una ocasión para confiar. Un trabajo aparentemente rutinario puede convertirse en una expresión de fidelidad.
Cuando vivimos conscientes de Dios, dejamos de dividir nuestra vida entre lo espiritual y lo cotidiano. Toda nuestra vida está delante de Él.
La mirada de Dios produce reverencia y descanso
Saber que Dios nos ve debería hacernos cuidadosos con nuestra manera de vivir. Pero no debemos quedarnos solamente con el temor de ser descubiertos. La mirada de Dios también significa que somos conocidos y cuidados.
Él ve las lágrimas que nadie más ve. Conoce las batallas que no has contado. Sabe cuándo estás cansado aunque sigas sonriendo. Conoce tus pensamientos cuando ni siquiera tú sabes cómo explicarlos.
Por eso podemos vivir delante de su rostro con una mezcla santa de reverencia y confianza. Dios no es un espectador distante. Es el Dios que conoce, confronta, sostiene y guía.
Conocer a Dios nos lleva finalmente a disfrutar de Él
Al final de todo, nuestra meta no es simplemente tener una idea más grande de Dios. Estamos llamados a conocerle y a disfrutar de Él.
El Dios infinito no es una fuerza impersonal. El Dios incomparable se ha dado a conocer. El Dios que llena los cielos también se acerca a nosotros. El Dios que sostiene todas las cosas nos invita a descansar en Él.
Por eso nuestra respuesta no puede ser solamente intelectual. Tiene que ser adoración. Queremos conocerle más para amarle más. Queremos contemplar su grandeza para confiar más profundamente. Queremos recordar su presencia para caminar con mayor fidelidad.
Cuando Dios vuelve a ocupar el centro de nuestra vida, muchas cosas recuperan su proporción. Y entonces podemos vivir con una certeza sencilla y poderosa: estamos delante del rostro de Dios.
Aplicación
Haz una pausa y mira hacia atrás en esta semana. ¿Ha cambiado tu manera de pensar en Dios? ¿Lo estás viendo más grande que tus problemas? ¿Has identificado algún "dios pequeño" que habías construido en tu mente? ¿Hay alguna área de tu vida en la que necesitas volver a vivir conscientemente delante del rostro de Dios?
Esta semana no busques solamente hacer más cosas para Dios. Busca conocerle más. Detente para contemplar su grandeza. Lee su Palabra con calma. Ora. Adora. Guarda silencio delante de Él.
Y cuando llegue una preocupación, recuerda quién es Dios. Cuando llegue una tentación, recuerda que estás delante de su rostro. Cuando llegue una prueba, recuerda que no estás solo. Y cuando recibas una bendición, detente para darle gracias.
Que nuestra respuesta a la grandeza de Dios sea una vida entera de adoración.
Oración
Señor, tú nos conoces completamente y aun así nos llamas a acercarnos a ti. Queremos dejar atrás una visión pequeña y cómoda de tu grandeza. Enséñanos a contemplarte como eres y a vivir delante de tu rostro cada día.
Que nuestra adoración no sea solamente una canción, sino una vida entregada a ti. Cuando tengamos miedo, recuérdanos tu grandeza. Cuando pequemos, llévanos al arrepentimiento. Cuando suframos, sustentanos con tu presencia. Y cuando disfrutemos tus bondades, haznos volver nuestros ojos hacia ti con gratitud.
Queremos conocerte más, amarte más y encontrar nuestro verdadero gozo en ti. Amén.