Vivir para que otros glorifiquen a Dios
Un devocional basado en Mateo 5:16. Descubre cómo nuestras acciones diarias, por más pequeñas que parezcan, son el escenario perfecto para reflejar el carácter de Cristo y hacer que otros glorifiquen a Dios.
Día 5: Vivir para que otros glorifiquen a Dios
Texto bíblico base
Mateo 5:16 (RV60): "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos."
Nuestra vida debe dirigir la mirada hacia Dios
Llegamos al final de esta semana y podemos ver nuevamente el propósito del tercer mandamiento. Dios no puso Su nombre sobre nosotros para que las personas admiren nuestra vida. Lo puso sobre nosotros para que, al mirar nuestra vida, puedan mirar algo verdadero acerca de Él.
Jesús lo expresó con claridad. Nuestra luz debe alumbrar delante de los hombres para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen al Padre. El objetivo final nunca somos nosotros. La gloria pertenece a Dios.
Esto nos libra de una carga que muchas veces llevamos sin darnos cuenta. No tenemos que demostrarle al mundo lo buenos cristianos que somos. Tenemos que mostrarle al mundo lo bueno que es nuestro Dios.
El nombre de Dios se honra en las cosas pequeñas
A veces imaginamos que honrar a Dios requiere momentos extraordinarios. Pero la mayor parte de nuestra vida está formada por momentos aparentemente pequeños. Una conversación. Una respuesta. Una decisión. Un mensaje. Una promesa cumplida. Una deuda pagada. Una palabra que decidimos no decir.
El nombre de Dios puede ser honrado cuando respondemos con paciencia aunque estamos cansados. Puede ser honrado cuando devolvemos el cambio que nos dieron de más. Puede ser honrado cuando hablamos de una persona ausente con la misma dignidad con que hablaríamos si estuviera delante.
Son cosas pequeñas, pero forman nuestra vida. Y nuestra vida es precisamente el lugar donde llevamos el nombre de Dios.
La santidad cotidiana es un testimonio
Tal vez nunca tendremos un escenario delante de miles de personas. Quizá nadie escribirá un libro acerca de nuestra vida. Pero podemos ser testigos fieles en nuestra propia casa. Podemos ser testigos en nuestro trabajo. Podemos ser testigos en nuestras amistades.
Una persona puede aprender algo de la fidelidad de Dios al observar nuestra fidelidad. Puede experimentar algo de la paciencia de Dios cuando nosotros somos pacientes con ella. Puede conocer algo de la gracia de Dios cuando reconocemos nuestro pecado y pedimos perdón.
Esto no significa que nunca fallaremos. Significa que cuando fallamos no escondemos nuestro pecado detrás de una apariencia religiosa. Corremos a Cristo, confesamos, pedimos perdón y seguimos caminando. También eso puede convertirse en un testimonio de la gracia.
Llevemos el nombre de Dios con gozo
El tercer mandamiento no termina dejándonos con miedo. Termina llevándonos a Cristo. No fuimos creados para ser un anuncio vacío. Fuimos hechos para llevar un nombre glorioso. Y podemos llevarlo con gozo porque no estamos solos.
Cristo vive. Su Espíritu está en nosotros. Dios mismo está obrando en nuestro corazón. Él nos da un corazón nuevo y pone Su Espíritu dentro de nosotros para enseñarnos a caminar en sus caminos.
Por eso, al comenzar cada día, podemos hacer una oración sencilla: "Padre, hoy llevo tu nombre. No permitas que lo lleve en vano. Que quien me vea pueda conocer algo verdadero de ti". No es una promesa de perfección. Es una entrega. Es decirle a Dios que queremos caminar atentos a Su presencia y disponibles para que Él haga Su obra en nosotros.
Aplicación
Mira hacia atrás esta semana. ¿Qué has descubierto acerca de la manera en que llevas el nombre de Dios?
· ¿Hay algo que necesitas confesar? ¿Hay alguien a quien necesitas pedir perdón? ¿Hay alguna relación en la que necesitas mostrar más paciencia, misericordia o verdad?
Y ahora mira hacia adelante. Mañana volverás a tu rutina. Habrá conversaciones, responsabilidades, dificultades y decisiones. Llevarás contigo el nombre de Cristo. No lo olvides.
Antes de salir de casa, detente un momento y ora. “Padre, santificado sea tu nombre. Que hoy mi vida no sea un anuncio vacío. Que mis palabras, mis pensamientos y mis acciones puedan mostrar algo verdadero de ti”.
No caminemos esta semana tratando de demostrar que somos mejores que los demás. Caminemos mirando a Cristo. Él llevó perfectamente el nombre del Padre. Él llevó nuestra culpa. Él vive para interceder por nosotros. Y Su Espíritu continúa transformándonos.
Que cuando las personas nos miren, no terminen admirándonos a nosotros. Que puedan ver, aunque sea un poco, la belleza de nuestro Dios.
Oración
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Reconocemos que muchas veces hemos llevado tu nombre con descuido y que en ocasiones nuestros labios te han confesado mientras nuestra vida decía otra cosa. Perdónanos y restáuranos.
Gracias por Jesucristo, quien llevó perfectamente tu nombre y cargó perfectamente nuestros pecados. Gracias porque nuestra esperanza no descansa en nuestra fidelidad, sino en la suya. Gracias porque tu Espíritu habita en nosotros y continúa transformándonos.
Señor, esta semana queremos llevar tu nombre con gozo. En nuestra casa, en nuestro trabajo, en nuestras conversaciones y en nuestras decisiones, permite que otros puedan conocer algo verdadero de ti. Haz que nuestras buenas obras no nos lleven a nosotros la gloria, sino que conduzcan los ojos de quienes nos rodean hacia ti.
Que nuestra vida anuncie tu fidelidad. Que nuestras palabras honren tu nombre. Que nuestras decisiones reflejen tu carácter. Y cuando fallemos, llévanos nuevamente a Cristo. Haznos vivir de tal manera que alguien pueda mirarnos y comprender un poco mejor cómo eres tú.
En el nombre de Jesús, el nombre que es sobre todo nombre. Amén.